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viernes, 23 de diciembre de 2011

Saturnalias


Las Saturnales (en latín Saturnalia) eran una importante festividad romana. Se las llegó a denominar "fiesta de los esclavos" ya que en las mismas, los esclavos recibían raciones extras, tiempo libre y otras prebendas; eran Navidad y Carnaval a un mismo tiempo y el cristianismo de la antigüedad tardía tuvo fuertes problemas para acabar con esta fiesta pagana, intentando sustituirla.

Las Saturnales se celebraban por dos motivos:

En las fechas a comienzos de año en honor al dios Saturno.
Al triunfo de un victorioso general (fiesta del triunfo).

Las primeras se celebraban del 17 al 23 de diciembre en honor a Saturno, Dios de la agricultura, a la luz de velas y antorchas, se celebraba el fin del período más oscuro del año y el nacimiento del nuevo período de luz, o nacimiento del Sol Invictus, 25 de diciembre, coincidiendo con la entrada del Sol en el signo de Capricornio (solsticio de invierno). Probablemente las Saturnales fueran la fiesta de la finalización de los trabajos del campo, celebrada tras la conclusión de la siembra de invierno, cuando el ritmo de las estaciones dejaba a toda la familia campesina, incluidos los esclavos domésticos, tiempo para descansar del esfuerzo cotidiano.

Eran siete días de bulliciosas diversiones, banquetes e intercambio de regalos. Las fiestas comenzaban con un sacrificio en el templo de Saturno (en principio el dios más importante para los romanos hasta Júpiter), al pie de la colina del Capitolio, la zona más sagrada de Roma, seguido de un banquete público al que estaba invitado todo el mundo. Los romanos asociaban a Saturno, dios agrícola protector de sembrados y garante de cosechas con el dios prehelénico Crono, que estuvo en activo durante la mítica edad de oro de la tierra, cuando los hombres vivían felices, sin separaciones sociales. Durante las Saturnales, los esclavos eran frecuentemente liberados de sus obligaciones y sus papeles, en algunos casos, cambiados con los de sus dueños.

Posteriormente, el nacimiento del Sol y su nuevo período de luz fueron sustituidos por la Iglesia, quien hizo coincidir en esas fechas el nacimiento de Jesús de Nazaret con el objetivo de acabar con las antiguas celebraciones. Gradualmente las costumbres paganas pasaron al Día de Año Nuevo, siendo asimiladas finalmente por la fiesta cristiana que hoy en día se conoce universalmente como el Día de Navidad.

Celebración

Saturnalia, en honor de Saturno, fue introducida alrededor del 217 a. C. para elevar la moral de los ciudadanos después de una derrota militar sufrida ante los cartagineses en el lago Trasimeno. Oficialmente se celebraba el día de la consagración del templo de Saturno en el Foro romano, el 17 de diciembre, con sacrificios y banquete público festivo (lectisternium) y al grito multitudinario de “Io, Saturnalia”.

Pero esta fiesta era tan apreciada por el pueblo, que de forma no oficial se festejaba a lo largo de siete días, del 17 al 23 de diciembre. Las autoridades estatales se vieron obligadas a atender a la costumbre popular, visto el fracaso que supuso intentar reducir a 3 ó 5 días de celebraciones propuestas respectivamente por Augusto y Calígula. A finales del siglo I, las vacaciones judiciales se prolongaron definitivamente a cinco días.
En las fiestas Saturnales, se decoraban las casas con plantas y se encendían velas para celebrar la nueva venida de la luz. Los romanos amigos y familiares, se hacían regalos (en un principio, recordando a antiguos rituales, velas o figurillas de barro) como los que se hacen en la fiesta de la Navidad, ya que la Navidad está basada en las fiestas Saturnales. Estas fiestas estaban dirigidas por un sacerdote, que cambiaba según el dios al que se le daba culto, el sacerdote se elegía en un colegio de sacerdotes.

 Fuente Wikipedia

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Feliz Yule (Himno a Amón Ra)


HIMNO A AMON RA

Honor a ti, Amón Ra, que en No-Amón resides y recorres dichoso el cielo al orto; de bienaventurados mil seguido vas en pos de las ácueas simas celestiales.  
Tú eres el Uno oculto, desconocido, el que no tiene igual, Señor de los dioses, rico en nombres que no podría enumerar aún si mis torpes horas fueran las tuyas. 
Tu poder se crece mientras Tu Majestad, segura, avanza hasta dar fin a las horas; Penetrando incluso en la Tierra de Manu para volver al lugar que ayer ocupó. 
Ten para ti nuestra adoración, Anciano, puesto que Tú creaste a dioses y a hombres todos
y les concediste ser bajo las formas que Tu Majestad consideró precisas.  
Tú eres aquel cuyo ser todo lo abarca, entre todos aquel que creó lo que existe, aquel a quien acuden todos los hombres y de cuya belleza se regocijan.  
Dondequiera me encuentre a mi lado estás; no hay extensión de la tierra, altura del cielo ni profundidad del mar en que tu ba no halla dejado huella sempiterna.  
Tus fotones son capaces de excitar en los más lejanos parajes del espacio moléculas tan necesarias para la vida de los seres que Tú mismo creaste. 
Cuando Tú brillas son felices los hombres, las plantas toman de tu energía y nos brindan la hierba para el ganado y los frutos para los seres, contigo agradecidos. 
Yo te adoro cuando traes sobre Tu frente la corona Ureret, Señor de ambas riberas abarcadas por siempre por Tu Luz que recorre inexpresables distancias. 
Eres Jepera, que te creaste a ti mismo, Gran Escarabajo Sagrado creador de los dioses; Tú, que te alzaste al principio sobre los ácueos abismos celestiales.  
Tú, Heru-juti-Temu Heru-Jepera, fortísimo halcón, portador eviterno de su propio rostro, bello, a causa de tus dos plumas –altas y sacras diademas.

Gracias a : Ivan Rodriguez Lopez